
Una creciente brecha se profundiza en el seno del peronismo, con la expresidenta Cristina Kirchner y el gobernador Axel Kicillof en polos opuestos respecto al futuro liderazgo y las elecciones presidenciales de 2027. Fuentes cercanas a Kirchner señalan que Kicillof no cuenta con su aval para una eventual candidatura y que, de hecho, no ha buscado su apoyo, lo que refuerza la percepción de un distanciamiento estratégico.
Desde el entorno de Cristina Kirchner, se interpreta que Kicillof busca consolidar una versión del kirchnerismo desvinculada de la figura de la exmandataria. Aunque el gobernador bonaerense se esfuerza por construir un perfil nacional y evitar confrontaciones directas, su accionar sugiere una clara intención de forjar su propio camino político. Su equipo insiste en que el 2026 será clave para esta construcción, manteniendo la cautela sobre una postulación explícita para no generar ruido.
Frente a este escenario, el círculo íntimo de Cristina Kirchner asegura que ella no se mantendrá al margen de la contienda electoral de 2027. La expectativa es que su sector presente un candidato propio, con una identidad fuertemente ligada a su liderazgo, buscando asegurar representación nacional. Nombres como Máximo Kirchner y Eduardo "Wado" de Pedro resuenan como opciones "puras", mientras que Sergio Massa podría emerger de un consenso más amplio.
La estrategia electoral también genera debate. Mientras parte del justicialismo ve en las PASO la mejor vía, el cristinismo evalúa la posibilidad de ir directamente a una elección general con un candidato propio. Esta postura sugiere que una competencia directa, bajo el paraguas de Cristina Kirchner, podría ser más efectiva para consolidar su base de votantes que una interna con Kicillof, donde la transferencia de votos no sería automática. La tensión podría derivar en una fractura similar a la de 2003, haciendo inviable un proyecto unificado de gobierno en caso de que Kicillof llegara a la presidencia sin el respaldo de Kirchner.
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